Traducción intercultural: La Malinche

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Yo avanzo hacia el destino entre cadenas
y dejo atrás lo que todavía escucho:
los fúnebres rumores con los que se me entierra.
Rosario Castellanos, ‘Malinche’

 

“Se podría decir que hay un manto de misterio cubriendo la figura de La Malinche. Se sabe que fue vendida como esclava y luego ofrecida al con quistador español Hernán Cortés. Se sabe que lo asistió como intérprete en su empresa militar por su conocimiento de los idiomas náhuatl y maya, y más tarde también el español. Se sabe también que tuvo una relación amorosa con él y le dio un hijo mestizo, Martín. Su figura ha sido reconocida como lengua, intérprete, traductora , traidora, amante, vendida, chingada, víctima, madre, entre otros. Pero siempre sesgada, soslayada, instrumental al discurso de turno. M ucho se ha hecho con su imagen, pero poco realmente se sabe de ella . Malinche, Doña Marina, Malina, Malintzin, Malinal li: ni siquiera se sabe su nombre real. No es claro si fue su nombre en lengua mexicana el que determinó su versión española, o viceversa….”

Más allá de su biografía y anecdotario, que podéis encontrar aquí, merece la pena revisar el interesantísmo trabajo La Malinche: tres paradigmas de traducción, donde Denise Kripper rastrea los cambios discursivos alrededor de la figura de La Malinche, uno de los personajes más antagonizados del Nuevo Mundo. En el trabajo se propone que éstos fueron variando según se sucedieron distintos paradigmas de traducción; a saber, el traductor (o traductora) primero como entidad invisible y marginal, el traductor (o traductora) como traidor e infiel pero empoderado luego, y finalmente como una figura recuperada, un personaje deseable y necesario. Así, a través del lente de la traducción, es posible entender a La Malinche como instrumental a la conquista de México pero invisible en su relato, como una figura condenada y luego reivindicada por los discursos nacionales, y por último como un personaje recuperado y apropiado por la literatura y teoría postcolonial actuales.

Transcribo también algunas líneas de las conclusiones para que veáis por dónde va la cosa:

“Brickhouse lee el espacio colonial como una “zona de traducción,” según la describe Emily Apter, donde las traducciones y los errores de traducción sirven para posicionar al sujeto en el mundo y en la historia. […] Invita a rebelarse contra categorías fijas y establecidas, construidas en el discurso y ofrecer lecturas contraactuales para (re)pensar la historia de la conquista americana a partir de una narrativa disruptiva. Tal vez sea entonces una invitación a (re)evaluar la ausencia e invisibilidad de La Malinche en el discurso de Cortés.”

Podéis encontrar el artículo completo de , publicado en The Quiet Corner Interdisciplinary Journal de la Universidad de Connecticut….. ¡a disfrutar!

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